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17 May 2015
mayo 17, 2015

El Constante Trabajo de Ser Humano

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En los últimos 4 años he vivido y observado en mi entorno un cambio muy evidente en lo que llamamos espiritualidad. Hemos evolucionado asumiendo la creación de nuestra realidad y la responsabilidad de atraer, sostener y cuidar lo que queremos.  Los mensajes que recibimos a través de canalización nos redirigen a que tomemos nosotros mismos las decisiones(mente) y elecciones(alma), en un espacio-tiempo-dimesión lleno de posibilidades y probabilidades, las cuales van tomando forma conforme damos un paso y luego el otro, recordándonos que no hay posibilidad de error, solo experiencias que conllevan sabiduría.

Con la “crisis” en la calle, muchos de nuestros valores han madurado de golpe y hemos tenido que aceptar que el modelo que habíamos sostenido calladamente, con tal de tener la fiesta en paz, ya no hay forma de mantenerlo, aunque tampoco tengamos otras alternativas claras que nos aporten ese estado de bienestar y felicidad que buscamos todos, los creyentes (da igual cuál sea la filosofía o el concepto de Dios/Diosa, Luz, Energía superior, Tao, Amor… el nombre que quieras darle), y los ateos. Es un momento para demostrar quién es el “Ser humano”, quién es cada uno…es tiempo de reacondicionar nuestra individualidad, hacer limpieza profunda de nuestras creencias, enfrentar nuestros temores, liberarnos de pautas de conducta aprendidas, heredadas e integradas en el inconsciente y que saltan en automático con determinados impulsos. Es tiempo de dejar atrás una manera de mirar el mundo, de comportarnos y de interactuar con el otro. Sacudirnos de limitaciones auto-impuestas y reforzadas por el entorno.

Desde mi sentir el fantasma más grande que planea sobre “nuestro mundo espiritual” es nuestro Ego, que se presenta en el deseo de ser el mejor terapeuta, el mejor sanador, la mejor persona, el mejor canalizador…y con ello nos olvidamos de “Ser humanos”. Trasladamos a la moda espiritual la misma pauta que vivimos socialmente. Criticamos, opinamos, damos la espalda, y juzgamos el trabajo de otros maestros porque no cuadra con nuestro concepto de “lo que debe ser”, porque energéticamente algo nos rechina…porque hay un no se qué que no me termina de gustar…porque hizo ó dijo algo que… Y por otro lado ¿quién tiene el poder de nombrar o hacer “Maestros”? ¿Quién se denomina o se atribuye la maestría sobre algo? La comparación y la competencia planea sobre nosotros, la crítica nos resta poder interno. Esa fuerza maravillosa que podemos dirigir para alcanzar estadios de conciencia de plenitud, de Libertad y Amor.

Cuando elegí vivir de una forma alternativa en honor a aquello que amo hacer, que es asistir, apoyar y acompañar a otros en su camino de transformación, recorriendo a la vez el mío propio. Asumí vivir una realidad distinta al conjunto, cuando hice esto de forma consciente, acepté tener una vida alternativa y distinta, diferente incluso de los que ya de por sí son distintos, acepté las condiciones del juego, me arriesgué  a ser el centro de atención de miradas y juicios, y todo lo que esto conlleva. Recuerdo a menudo que somos humanos, me acepto con mis luces y sombras igual que acepto el juego dual de otros… Y elijo ser amor. Amo mi trayectoria, todo lo vivido y experimentado hasta ahora, con todos los momentos intensos de dolor y alegría que me han convertido en lo que “Soy”. Miro con profundo respeto un camino plagado de vivencias, en las cuales me he sumergido plenamente, me he tirado a la piscina de la vida demasiadas veces sin mirar si había agua en ella, he sentido a menudo que una mano cómplice y poderosa ha llenado rápidamente esa piscina de agua para regalarme una vivencia maravillosa…En ese darme cuenta de la magia que el universo tiene para conspirar a favor de los “locos”, “ingenuos” ó incluso “inconscientes” que hacen las cosas por puro instinto, sin pensar en las consecuencias… Siento gratitud, asombro y ese convencimiento  que me lleva a seguir haciendo lo que amo…regalarme, compartirme…acompañar… luego buscar mis momentos de soledad y silencio para fundirme en el vacío, escuchar la nada y volar. Resurgir convertida en mujer que escucha, habla y juega a tener personalidad, que se esmera en darle sentido a un propósito y un proyecto, para una o muchas vidas. Y así sentir que este día, bien puede ser el último día, abrazar la muerte con alegría, con la misma pasión y complicidad con las que disfruto el presente. Que en el proceso de abandonar un cuerpo y un personaje, se me llenen los ojos de lágrimas de agradecimiento y felicidad, consciente de haber tenido el inmenso regalo de ser “Yo”, ese proyecto de ensayo y error constante. Al fin y al cabo, ¡Gracias a la vida por la oportunidad de jugar!.